Pasa el tiempo, y las cosas van cambiando, la época, la información, la naturaleza, la familia, el mundo, la gente.
¿Y por qué cambia? Son demasiados factores… infinidades, de las cuales la mayoría son tan absurdas… Pero esa pequeña cosa que te hace cambiar, hace que todo el mundo de otro se desmorone… ¿y qué haces en esa situación? Te quedas callada, no dices nada, esperando que todo pase por si mismo… como en todo, esperando un milagro que te haga volver a la senda correcta, o encontrar las palabras precisas para decir lo que ha pasado… pensar en la mejor manera de remediarlo, aunque no todo, después, sea igual…
¿Qué hacer? ¿Qué pensar? ¿Qué decir?
Ya no se que hacer
Ayer estaba media depre… mi amigo Danny me reconfortó un poco, gracias
… pero revisando mi correo, leí una anécdota muy linda, y me hizo reanimarme… Aquí se los dejo.
Un hombre desamparado, lentamente levantó la vista… y miro claramente una mujer acostumbrada a las cosas buenas de la vida. Su abrigo era nuevo. Parecía que nunca se había perdido de una comida en su vida. Su primer pensamiento fue: “Solo se quiere burlar de mi, como tantos otros lo habían hecho…
“¡Por Favor Déjeme en paz! Gruñó el Indigente… Para su sorpresa, la mujer siguió enfrente de él. Ella sonreía – sus dientes blancos mostraban destellos deslumbrantes.
“¿Tienes hambre?” -preguntó ella. “No”, contestó sarcásticamente. “Acabo de llegar de cenar con el presidente… ¡Ahora vete!”
La sonrisa de la mujer se hizo aún más Grande.
De pronto el hombre sintió una mano suave bajo el brazo. “¿Qué hace usted, señora?” -preguntó el hombre enojado.
“¡Le digo que me deje en paz!”
Justo en ese momento un policía se acercó. “¿Hay algún problema, señora?” -le preguntó el oficial…
“No hay problema aquí, oficial, contestó la mujer… “Sólo estoy tratando de ayudarle para que se ponga de pie… ¿Me ayudaría?
El oficial se rascó la cabeza. “Si, el Viejo Juan, Ha sido un estorbo por aquí por los últimos años”. ¿Qué quiere usted con él?” Preguntó el oficial…
“¿Ve la cafetería de allá?” -preguntó ella. “Yo voy a darle algo de comer y sacarlo del frío por un ratito.”
“¿Está loca, señora?” El pobre desamparado se resistió.
“¡Yo no quiero ir ahí!” Entonces sintió dos fuertes manos agarrándolo de los brazos y lo levantaron.
“Déjame ir oficial, Yo no hice nada…”
“Vamos Viejo, esta es una Buena oportunidad para ti,” el oficial le susurró al oído.”
Finalmente, y con cierta dificultad, la mujer y el agente de policía llevaron al Viejo Juan a la cafetería y lo sentaron en una mesa en un Rincón de la cafetería. Era ya casi mediodía, la mayoría de la gente ya había almorzado y el grupo para la comida aún no había llegado…
El gerente de la cafetería se acercó y les preguntó. “¿Qué está pasando aquí, oficial?” “¿Qué es todo esto? ¿Y este hombre está en problemas?”
“Esta señora lo trajo aquí para que coma algo,” respondió el policía.
“¡Oh no, Aquí no!” el gerente respondió airadamente. “¡Tener una persona como este aquí es malo para mi negocio!
El Viejo Juan esbozó una sonrisa con sus pocos dientes. “Señora, se lo dije. ¿Ahora, si van a dejarme ir?. Yo no quería venir aquí desde un principio.”
La mujer se dirigió al gerente de la cafetería y sonrió… “Señor, ¿está usted familiarizado con Hernández y Asociados?”
“¿La firma bancaria que está a dos calles?” “Por supuesto que los conozco”, respondió el administrador con impaciencia. “Ellos tienen sus reuniones semanales en una de mis salas de banquetes.”
“¿Y se gana una buena cantidad de dinero con el suministro de alimentos en estas reuniones semanales?” PREGUNTÓ La Señora…
“¿Y eso que le importa a usted?
Yo, señor, soy Penélope Hernández, presidente y dueña de la compañía”. “¡Oh Perdón! dijo el gerente…
La mujer sonrió de nuevo… “Pensé que esto podría hacer una diferencia en su trato.”
Le dijo al policía, que fuertemente trataba de contener una carcajada. “¿Le gustaría tomar con nosotros una taza de café o tal vez una comida, oficial?”
“No, gracias, señora”, replicó el oficial. “Estoy en servicio”.
“¿Entonces, quizás, una taza de café para llevar?”
“Sí, señora. Eso estaría mejor”.
El gerente de la cafetería giró sobre sus talones como recibiendo una orden.
“Voy a traer el café para usted de inmediato señor oficial “
El oficial lo vio alejarse. Y opinó: “Ciertamente lo ha puesto en su lugar”, dijo.
“Eso no fue mi intención “dijo la señora… Lo crea o no, tengo una buena razón para todo esto”.
Se sentó a la mesa frente a su invitado a cenar. Ella lo miró fijamente… “Juan ¿te acuerdas de mí?”
El viejo Juan miró su rostro, con los ojos lagañosos “Creo que sí – Digo, se me hace familiar”.
“Mira Juan , quizá estoy un poco más grande, pero mírame bien”, dijo la Señora… “Tal vez me veo más llenita ahora… pero cuando tu trabajabas aquí hace muchos años vine aquí una vez, y por esa misma puerta, muerta de hambre y frío.” Algunas lágrimas posaron sobre sus mejillas…
“¿Señora?” dijo el Oficial, No podía creer lo que que estaba presenciando, ni siquiera pensar que la mujer podría llegar a tener hambre.
“Yo acababa de graduarme de la Universidad en mi pueblo”, la mujer comentó. “Yo había llegado a la ciudad en busca de un trabajo, pero no pude encontrar nada. Con la voz quebrantada la mujer continuaba: Pero cuando me quedaban mis últimos centavos y me habían corrido de mi apartamento. Caminaba por las calles, y era en febrero y Hacía frío y casi muerta de hambre. vi este lugar y entre con una poca posibilidad de que podría conseguir algo de comer. “Con lágrimas en sus ojos la mujer siguió platicando…
Juan me recibió con una sonrisa. “Ahora me acuerdo”, dijo Juan. “Yo estaba detrás del mostrador de servicio. Se acercó y me preguntó si podría trabajar por algo de comer”. “Si, y me dijiste que estaba en contra de la política de la empresa”.
Continuó la mujer. -Entonces, tú me hiciste el sándwich de carne más grande que había visto nunca… me diste una taza de café, y me fui a un rincón a disfrutar de mi comida.
Tenía miedo de que te metería en problemas, pero luego cuando miré y te vi a poner el precio de la comida en la caja registradora, supe entonces que todo iba a estar bien”.
“¿Así que usted comenzó su propio negocio?” El viejo Juan dijo.
“Si, encontré un trabajo esa misma tarde. Trabajé muy duro, y me fui hacia arriba con la ayuda de Mi Padre Dios. Eventualmente empecé mi propio negocio que, con la ayuda de Dios, prosperó… “Ella abrió su bolso y sacó una tarjeta. “Cuando termines aquí, quiero que vayas a hacer una visita al señor Martínez. Él es el director de personal de mi empresa. Iré a hablar con él y estoy seguro de que encontrará algo para que puedas hacer algo en la oficina”.
Ella sonrió. “Creo que incluso podría darte un Adelanto, lo suficiente para que puedas comprar algo de ropa y conseguir un lugar para vivir hasta que te recuperes. Si alguna vez necesitas algo, mi puerta está siempre abierta para ti Juan.”
Hubo lágrimas en los ojos del anciano. “¿Cómo voy a agradecer?, preguntó.
“No me des las gracias”, respondió la mujer. “A Dios dale la gloria. El me trajo a ti.”
Fuera de la cafetería, el oficial y la mujer se detuvieron y antes de irse por su lado… “Gracias por toda su ayuda, oficial, “Dijo La Sra. Hernández.”
“Al contrario, dijo el oficial”, “Gracias. Vi un milagro hoy, algo que nunca voy a olvidar. y… gracias por el café. “…..
Las personas tienden a cometer errores en una relación, algunos pequeños, otros muy grandes, pero, ¿cómo saber cuales son las que tenemos que perdonar y cuales no? Nadie lo sabe… Únicamente hay que seguir lo que dicta el corazón. Pero, ¿y si el corazón está tan confundido que no encuentra la respuesta? Supongo que hay que esperar un tiempo, para aclarar mente y corazón.
Platicar con la persona que cometió el error, también sería una buena ayuda, para aclarar las cosas, para saber que lo motivó a cometerlo, si fue culpa de el, de ella o de ambos, y tratar de solucionarlos, juntos. De igual manera, alguno de los dos tiende a ser demasiado orgulloso y no querer hablar de la situación y simplemente no perdonar y dejar a la persona atrás.
¿Qué hacer en estos casos? La verdad, no lo sé. Creo que sería mejor tratar de no cometer estos errores, pero algunos, simplemente no lo podemos evitar, ya que es parte de nuestra personalidad, de nuestra escencia. ¿Cambiar lo que eres por el bienestar del otro? Realmente no lo creo. Siento que si quieres a alguien, lo querrás por lo que es, por como es, y así lo aceptarás, al igual que él a ti, pero, ¿Y si estoy equivocada? Realmente, no lo sabré, hasta encontrar un amor real.

En estos momentos de mi vida, estoy pasando una nueva etapa, he comenzado a madurar, y aprender a dejar las cosas atrás, en el pasado, traerlas al presente de vez en cuando, para recapacitar y reflexionar, que ya pasé por eso, y no debo de hacerlo, o al menos de tratar de ser más cuidadosa y precavida.
He aprendido a escuchar a los demás y respetar sus opiniones, a llegar a un punto donde todos estemos de acuerdo.
He aprendido a respetar y admirar a mis papás, no solo verlos como las personas autoritarias en mi vida, que solo sirven para suministrarme sustento, comodidad y regaños, sino ver en ellos a personas que me aman y quieren lo mejor para mi, a verlos como amigos, como seres humanos que comenten errores, al fin y al cabo, nadie les enseñó a ser padres.
He aprendido a perdonar, a liberar las cosas malas de mi corazón, de mi mente, de mi alma.
He aprendido a trabajar en equipo y lo que es pensar en los demás.
He aprendido cosas que espero me ayuden a ser mejor persona cada día.
¿Porqué nos dejamos llevar de lo que dice la gente? ¿Porqué nos importa tanto lo que los demás piensen o dejen de pensar de nosotros? ¿Por qué simplemente no podemos seguir a nuestro corazón?
No se por que somos así, ¿Se tratará de cultura? O simplemente por que somos lo suficientemente cobardes para no atrevernos hacer y ser la persona que realmente queremos ser… de no tener el valor de surgir de nuestra sombra, de esa máscara que nos ponemos para agradarle a todo el mundo.
¿Porqué no podemos defender eso que amamos? ¿Eso que es lo que más queremos, que más añoramos? ¿Por miedo quizás? Si, eso es… o al menos eso es lo que me pasa a mi, miedo de atreverme, y quedarme sola… o de romper el corazón de la persona que te ha dado muchos momentos buenos, pero… ¿qué hay de ti? ¿De lo que tu quieres? Como siempre, piensas en las demás personas, y tu felicidad, tu felicidad lo dejas al último… ¡que estupidez! Y lo peor de todo, es que lo sabes y no haces nada por remediarlo…
Por que a nosotras nos gusta los hombres mayores… Al menos, tengo dos amigas que andan con personas mucho más grandes que ellas, además de mi…
Será por la experiencia, por la seguridad que para nosotras representa… una relación ideal, o tal vez ellos saben envolvernos tan bien que caemos… Realmente yo, por mi propia experiencia, no sé que decir…
Me parece tan maravilloso estar con una persona así, por que sabe lo que quiere, tiene decisiones propias, sabe que decir, como tratarte, a que lugares llevarte… en fin, sabe traterte bien.
Son como los vinos, entre más añejos más ricos son, jaja… y es que realmente ha sido una experiencia muy grata tratar con alguien mayor que tu, te cuenta sus anecdotas, sus experiencias, te da buenos consejos… en fin, tener una persona mayor a tu lado tiene sus ventajas
Don Beto es un señor de 41 años que llega a platicar conmigo en el trabajo. Me cae muy bien, y me hace la tarde amena. Es muy divertido y me hace reír siempre con sus ocurrencias.
Este señor es soltero, y siempre dice: Gracias a Dios, y se rie… Nunca lograba comprender por que decía que había prometido nunca casarse, que una promesa siempre debe de cumplirse, y pues que asi morirá, soltero.
Hasta que una ocasión, cuando me acompaña a mi parada, me dijo que una vez se enamoró, cuando tenía 24 años, la relación duró 8 años, imaginense, ¡8 años!. Le pregunté que por que terminaron, y muy amargamente me dijo: – El destino lo hizo -, y yo – ¿Porqué? – y me contó su historia:
Una vez se fueron de paseo, con su mamá y sus hermanos en un carro particular. Chocaron y la unica que se salvó fue su mamá. Ahi prometí que nunca me volvería a casar, que sería un viudo aun sin haberme casado. Sigo visitando a su mamá, y le ruego para que me de una foto de ella, pero nunca me la da, dice que me volveré al vicio de nuevo, y no quiere eso. Me dice que me case, que busque a alguien más, pero yo no puedo, he hecho una promesa y tengo que cumplirla.
Con esta historia me he dado cuenta de dos cosas, el amor que le tenía era inmenso, y no tanto por los años que duraron, sino por los años que ha durado su promesa… y la segunda, es precisamente eso, la convicción que tiene Don Beto de mantener una promesa, los valores bien fundamentados que muchos ya perdimos…
Muchas somos las personas que tratamos de escoder algo, nuestro pasado, una mala experiencia, una realción amorosa. Logro comprender las dos primeras, pues si lo traemos a nuestro presente, esa herida vuelve a abrirse, y nos puede llegar a doler menos, igual o incluso más de lo que nos dolio en ese momento.
Lo unico que me llena de dudas es en la relación amorosa ¿Por qué escoderla? De la familia, pues a lo mejor por que ellos no te dejan tenerlo, por las clases sociales o religiosas, no lo sé… tantos pretextos que nos dan nuestros padres para no estar con esa persona. Pero, ¿de los amigos? A veces decimos que nos da miedo, o lo que dirán los demás, sin embargo, por algo estás aceptando a esa persona, por algo estas con ella, y decirle al mundo entero: – Hey, creo que me estoy enamorando y voy a intentarlo -.
Una relación amorosa es maravillosa si sabes alimentarlo, sobrellevarlo, compartir esos momentos que solo puedes pasar con esa persona. El miedo no se vale en esta situación, puesto que si estás con ella, es por que esos miedos se han disipado, que estás completamente segura de lo que estás haciendo.
Eso de esconderse, u ocultarlo, piensa en la otra persona, ponte en su lugar, en lo egoísta de nuestra acción; hay que pensar que a pesar de que lo estás ocultando, que no quieres que nadie lo sepa, está ahi a tu lado, sin que eso le importe, por que te quiere y quiere estar contigo. Es justo sacarse esos miedos de la mente y el corazón por esa persona.
Dedicado a Wilber
El amor que escondí
La primera cita es muy interesante, – sobre todo, si es con alguien con quien realmente tienes química – por que fuera de todo trabajo, de todo formalidad, conoces a esa persona, platicas de cosas que te ha pasado, tu historia, lo que haces…
Quieres impresionar a la persona con anecdotas que para ti, te parecen interesante, para captar su atención, para que vea que eres una gran persona, en fin, tantas razones para quedar bien con ella.
La charla es tranquila, como un hilo que sobresale, lo jalas y empieza a salir más y más… tan imprecedible; las horas pasan rápidamente, ni siquiera te das cuenta del tiempo, disfrutas tanto de estar ahi, que no te das cuenta de nada. Lo mejor de todo, es que puedes ser tu, ya que solo están los dos, mostrarte como realmente eres, tus pensamientos, ideas, sentimientos…
Cuando somos chiquitas… nos llenan la cabeza con cuentos de hadas… con encontrar a un príncipe azul que nos realizarán nuestros sueños. Que seremos las mujeres perfectas…
Pero en realidad, ¿Existen los finales felices? Yo no he escuchado ni una historia acerca de eso… Menos conocer a una pareja que la tenga. Y si la hay, ¿será cierto? En este mundo donde las apariencias reinan… donde todo es actuado.
Los constantes divorcios, el poco caballerismo del hombre, hacen que las mujeres dejen de ilusionarse… Pero nosotras, ya no queremos comportarnos como la damisela en peligro, nos sentimos demasiados independientes como para dejar que un hombre se preocupe por nosotras. ¿La vida que llevamos nos ha dado la pauta para terminar con eso? El trabajo, la escuela, los proyectos personales, y el tiempo para las relaciones personales ¿donde quedaron?…
Ya la mayoría de las personas se casan por no quedarse sola, por comodidad, por ambición… y muy pocas por el poco preciado AMOR… Ese amor que te hace hacer locuras por doquier y que no acaba hasta el final de sus días.